No Espero.

En ningún momento, desde que observo la ventana, espero que se asome. No espero que su rostro se refleje y mucho menos que su sonrisa ilumine la inútil espera. No me canso de mirar hacia la ventana o de vez en cuando desviar la mirada para observar como las nubes me cuentan historias perfiladas sobre un cielo atardecido. De pie, en silencio, absorto en la ventana no espero del todo que su rostro ilumine mi rostro y mucho menos vislumbre el futuro que nos mantiene encerrados en esta espera.

    1/2